lunes, abril 20

Las puertas abiertas

Cerraremos los ojos para abrir en toda su extensión la boca
y así no ver cuántos metros hay hacia adentro
para no intuir, siquiera, desde dónde viene todo:

En el jardín indio, las lágrmias del bostezo caerán en silencio.
Al darte cuenta, querrás que todos lo sepan
y un grito nativo empujará las costillas.
Los perros caseros, que poco saben de la muerte
pensarán que tu pecho se está colmando de ella
sin escuchar la risa de los quiltros, como hienas en la calle
merodeando una carriña de agonía dilatada.

Se pensarán formas de hacer banquetes de aire
habiendo pasado por lo carnívoro, lo caníbal, lo omnívoro
extrañas formas de autosuficiencia coprofágica.
Habrá que alimentarse del agua bajo el sol, soplado por el aire
pero no habrá nada de eso;
una religión federal, para ese entonces, ya tendrá suprimido todo cariño pagano a los minerales.

El sopor de centurias caerá en sí mismo, osbre todos nosotros
Miraremos la cama, la gran cama de nuestros días
sin entender por qué ocupa todo el espacio, la seguidad, inmovilizados
Desperezándonos al levantarse.

Y al bajar los brazos, habiendo estirado los músculos...
Eso fue la crisis: un bostezo prolongado en el tiempo
Cerrados los ojos, los párpados forzados a replegarse en sí mismos
de a poco fueron reflejando algo más que paisajes.
La vista empañada, nunca se pensí tan útil, una vista empañada
que, cuando el aliento del juego absurdo, desbocado, emorrona la vista
como un vidrio en invierno vuelve siendo, como nunca, transparente.

jueves, febrero 12

Enero

Trece

Deseo insufrible
- en cuanto no hay figura que suelte o amarre -
de abrir el silencio rutilante,
desquebrajarlo con olor a otoño seco.

Destilar el deseo mismo, un ánimo vago
de la luz dividiendo la sombra
y a mi espalda, un olor a lejano moleste al presente
del que arranco no sé qué silbido.

Catorce

Tengo la certeza que voy a extrañar esto
la soledad involuntaria, el estar permanente
vislumbrando grandes cosas
a paso vacío, medio paso por día
cuando los músculos deberían caer en fragmentos.
Siento que pierdo la nostalgia de lo ausente
lo que se ve de lejos, la oblicua libertad
de caer en cualquier parte
y agradecer en el alma la caída.

Diecinueve

Canta ciega de pierna hinchada
con la energía para ir asintiendo
como si a cada minuto decidiera la vida.
Ya entero el cuerpo se va haciendo cano
Sea: que ahumada robe el aliento

Veinte - Samurai

El samurai en dictadura observaba intranquilo una parra
los cuentos no podían haber sido más que un epílogo
pensó con ternura
Un compilador aficionado a escribir cartas va perdiendo la memoria
caen las estrellas, hay que dejar de hacer crónicas
El remitente debería cambiar de por vida
, dijo el samurai
mientras la tenga
Qué es esto? qué es todo esto?
...oficio homicida
será un párrafo memoria futura
dijo, y unas nubes pasaron por años encima de él
La uva destila jugo, remece la mano
el samurai imagina, la vida
no para cuando mira hacia atrás
Junto con ella se seca el futuro
junto con ella ¡todo va en declive!
La parra siempre fue la misma, reflejando el rojo oscuro
el éxito fácil
una mentalidad vacía


Veintisiete - En el recuerdo estéril de una muerte difusa

Ni la cuerda más grave
el cuerpo en ella, ni la piel más extensa
Habrían bastado para el resto de palabras imposibles
si ella siempre lo dijo, eres el dueño del lugar común
- con el suave sutil dejo de ganas
con el mayor disimulo lo dijo –
Y la única invocación posible era un espejo ante su recuerdo.
El ojo casi corrupto de cuerpo entero
niña babeando camino al cielo (o lo que ella entiende por)
eterna secreción cutánea del dolor mental
busca de nuevo el pudor de creer en algo perdido
que debería recuperarse De cara al brillo marino
en el 32 de las 4:30 destino el puerto.
No se puede desear lo que se tiene, decías
la muerte se sabe con vida en el fondo
si es ella la presa de todo último deseo.


Veintiocho

Niño con cara de pequeño césar se enoja porque no hay completos gigantes. De esos no hay aquí le dice la nodriza, mujer quemada; cuerpo maduro y curtido por los años de trabajo-sudario en la capital, disfruta llamando compasivamente a Isaac por su nombre. Ese verano, El Quisco parecía, especialmente en ese sector, una arquitectura continua de corte moderno, olímpico. Los mendigos eran el contraste al lugar. En realidad, todos contrastábamos; parques por testigos de una pequeñez latente, de cara a los árboles callados de los pueblos aledaños.

miércoles, junio 11

Como hormiga rubia de sol
buscando migas de pan
en la tierra
En la caravana de nubes
busqué el agua primera
de mi aliento.


A ciegas lo bebí:
Verbo aborigen
sobreviviente eterno de olvidos forzados
Con manos sangrantes
Con dedos sin uñas
De tanto querer hacer mástil
de su resplandor etéreo


Y en suaves susurros, me dijo:
“no sólo se abren
con las ruedas fijas”, como sabia farola
tendiendo un regreso en la noche


Entendí sus palabras
con el dolor de la caída
Viendo cómo la procesión seguía
sin derramar lágrima, invitando al próximo afortunado

viernes, mayo 30

Como tú, es rápido y lento
el zorzal que dando saltos
me inclina la cabeza y se va.

lunes, mayo 26

Resonancia del eco

Y aquel secreto velado entre recuerdos
..........ese, que lento caía en gotera de sus labios entreabiertos
..........tallado en las paredes de tu laberinto memorial,
..........era guía de otros que buscaban el precio de un fin sereno
sólo guarda importancia en el sino de tus sueños


¿Cuantas imágenes vibran en el híspido tejido?


Lejana, confusa entre los ahora marchitos pétalos
la pintura seca de un muro caía al suelo
Frente a mí, a la sombra de árboles hirsutos,
cambiaba de piel, con una triste ligereza que nos preguntaba a ambos
cuan lejos estaría la venida del próximo errante
que pudiese ver la belleza en lo irrelevante de su desnudez.


O el sendero de barro blanco a la luz nocturna
estrechado por guardianes de viejas copas
que susurra siluetas en las huellas de su cauce
También él reverbera como eco lejano
de cuando, con pies de niño que volvían pesados por alguna pena,
el regazo materno limpiaba los talles de la calma perdida
que hasta no llegar a casa, se mantenía dispersa como el camino.


Talvez la estela del tiempo presente

en melancólicos ojos, más que vestigio
sea vislumbre

jueves, mayo 22

Y justo a tiempo me pega en la cabeza el recuerdo que venía viajando todo la semana, de entre las pocas franchutadas inútiles; J’en ai marre. Y justo a tiempo, que hace varios días el día venía estando en función de algo externo, a un algo/guien/guna. El mismo magnetismo que me mantenía juntos los ojos después de apagar una voz, me los trataba de cerrar por el cansancio, pero la ceguera con la que me maceraba la rabia de la situación era la fuerza de contención, de contraposición. En búsqueda de algún complemento de asistencia, caminaba más entre pensamientos que hacia una dirección concreta, entre viendo soluciones entre gargajos de ideas vagas que rondaban como parásitos raquíticos que chuparon todo lo que podían, por lo que las descartaba antes de cualquier juicio valorativo. Y me di cuenta, en cuanto vi cuantas cantidades de carrañosas viejas y viejos canosos(os) leían los libelos que, a (en) diario(s), ganaban una subida en la escalera de la fama entre las que tienen mucho tiempo libre, los que buscan el misticismo que les falta y los que tan sólo sofocan ideas creativas con pretensiones de éxito y competencia, que lo que me hacía falta era volver a mis raíces. A aquel viejo indecente tanto tiempo olvidado, volver al yo que comenzaba a olvidarse.

Caminaba ahora con objetivo, posible y seguramente subjetivo ante la necesidad de evasión.

Una vez frente a la biblio.-metro-empleada, a mi lado tenía a una señora de postura en tan alto grado humilde como en tan alto grado odioso el libro que devolvía. Toda mi postura de rabia ceso por un momento, para detenerme a pensar en ella. Y no pude evitarlo. Le hable de esa autora, esa que tan bien podría reemplazar al concepto abstracto de best seller que representaba el nombre de la escritora que tenía en sus manos, y ella, con una sonrisa a más no poder ante el saberse considerada, aceptó mis palabras. Yo pregunté por ese caballero que tantas pretéritas veces me había acompañado, y me fui, despidiéndome de ambas, con uno de sus trabajos en las manos.

Ya en mi casa, lo único que faltaba para acompañar la ceremonia era un vaso de algo entorpecedor. Dispuesto todo, me senté a escribir un lo-que-sea que suprimiera la bestial necesidad de escribir algo verdadero, cuando en la radio de la cocina comienza a sonar la única canción en todo el eterno pozo sin fondo de canciones que podrían sonar en ese momento, justo la única que me aferraba de forma dura a lo que estaba tratando todo este tiempo de dejar un rato de lado. Y recordé las palabras de ese viejo que ahora me acompañaba. Esas lúcidas ‘toma todo lo que quieras, pero no para olvidar, si no para acrecentar el dolor’. ¡Eso era!. Pues no olvido las piernas entonces, que no han hecho nada mal, en real y dada, todo lo contrario, parece. Ni la violencia ni lo malo. Y con esto se va sola la necesidad del algo verdadero, parece. Puedo acostarme a leer al viejo tranquilamente, con Davis diciéndome entre risas trompéticas so what ¡Aquí te va sinceridad, puto Chinas...

lunes, mayo 19

Sumergido en los últimos retazos marinos
Vi, de la ceja rota de un pez solitario
La sangre que nacía disuelta

Al mismo asfalto mojado sabía
Al mismo que mis pies reconocían como propio